Santiago Roncagliolo, Memorias de una dama

Énoncé

Yo quería ser escritor
« Conocí a Diana Minetti en su residencia de la avenida Roosevelt, a pocos metros de los Campos Elíseos. Vivía entre las galerías de arte más exclusivas, cerca del palacio presidencial, y desde la terraza de su dúplex se dominaba toda la ciudad, de Montmartre a La Défense. La servidumbre de su casa bastaba para atender un ministerio: un ama da llaves irlandesa, una mucama portuguesa, un mayordomo marroquí y un chef francés, igual que la secretaria. Por el teléfono. Madame Minetti me había dado la impresión de ser una anciana venerable, más bien débil. Supuse que sería algo egocéntrica, a juzgar por el tipo de trabajo que requería. Pero, en cualquier caso, su llamada había caído del cielo. Por entonces, a mediados del año 2001, yo acababa de terminar de estudiar en España y no sabía qué hacer con mi vida. Estudiar en España, de todos modos, era una excusa. Yo quería ser escritor. Es trillado(1) sí. Pero era cierto. Mi abuela había conocido a Madame Minetti, una dominicana que estaba de paso y que, entre elogios a la calidad de las cortinas y referencias a las virtudes de los canapés, comentó que quería escribir sus memorias, pero nunca había escrito –ni había hecho ninguna otra cosa, por cierto–, y necesitaba alguien que la ayudase con el trabajo. En el argot de la profesión, lo que ella quería se llama un «negro», pero Madame era muy fina. Jamás habría dicho que necesitaba un negro. Como Diana Minetti vivía en París, mi abuela mencionó que tenía un nieto escritor no muy lejos, en Madrid. Me extraña que Madame nunca haya sabido que si algo sobra en París más que los quesos de cabra son los escritores latinoamericanos muertos de hambre. Afortunadamente, no tenía la menor idea, o consideraba que ninguno era digno de contar su vida. El caso es que mi abuela me comentó por teléfono su encuentro de febrero. Dijo que era una posibilidad de trabajo, pero no sabía si me interesaría. –Es una señora demasiado estirada(2) –me dijo–, no sé si será tu estilo. –Abuela, por dinero, yo también puedo ser una señora estirada –respondí. Después pasaron meses sin que yo supiese nada. Hasta la mañana en que me despertó una llamada telefónica, y en el túnel de mi vida se encendió una luz, al principio sólo una lamparita de minero explotado, pero después un verdadero boquete(3) con vista al sol: –Mi nombre es Diana Minetti. Quizá le hayan hablado de mí. Ni reconocí el nombre ni tenía el cerebro despierto. Era muy temprano, como las once. – Necesito alguien que escriba mis memorias. Me han hablado de usted. Salté de la cama tan rápido que asusté al gato. Puse voz de llevar horas despierto. –Ah, sí. Lo siento, es que tengo tantos pedidos de trabajo que a veces me confundo. Sólo acláreme un detalle, ¿es usted la dama de Mónaco o la de París? Madame Minetti me pidió que fuese a visitarla para ver si llegábamos a un acuerdo. Pensé que estaba loca. No tenía dinero ni para un picnic, menos lo tendría para ir a París. Pero ella tenía un agente de viajes en Miami que se ocuparía de todo. Se pondría en contacto conmigo y me enviaría el billete. –¿Quiere usted venir en tren o prefiere un pasaje aéreo? –preguntó Diana. –Aéreo, por favor. No tengo mucho tiempo. Arreglamos los detalles del viaje y colgué. Dos semanas después de esa llamada, mientras esperaba en el salón Voltaire, había decidido cobrar mil dólares al mes más viáticos(4) por la redacción del libro. Me movería en bus y metro pero lo facturaría como taxi. Funcionaría. Calculaba que el libro me permitiría vivir unos seis meses, aunque iba firmemente decidido a prolongar el trabajo tanto como fuese posible. En el taxi, mientras recorría el barrio de Madame, el octavo arrondissement, pensé que podría cobrar mil cien dólares. Ella ni siquiera notaría la diferencia. Al ver su apartamento, mientras la esperaba con el café y el cigarro, aumenté a mil doscientos. Quizá era mejor exigir más, darse más valor. Y entonces apareció ella. Se abrieron las puertas del salón de par en par y entró una mujer majestuosa que no tenía nada que ver con la ancianita venerable que yo imaginaba. Diana Minetti llevaba un traje blanco y plateado a juego con su cabello, que caía copiosamente sobre sus hombros, como una cascada de nieve. Debía tener alrededor de setenta años, pero caminaba con firmeza y hablaba con seguridad. Resplandecía. Me ofreció una copa de champán. Eran las diez de la mañana. Mil trescientos, pensé. »
Santiago Roncagliolo, Memorias de una dama, 2009

I. Compréhension du texte
1. Diana Minetti se puso en contacto con el narrador para ofrecerle un trabajo. Cita, sin comentar, la frase que indica de qué tipo de trabajo se trataba.
2. 
Completa la frase con la respuesta correcta:
Cuando el narrador conoció a Diana Minetti…
a) era un estudiante.
b) se disponía a escribir un libro sobre París.
c) no gozaba de una buena situación.
Justifica tu respuesta con una frase del texto.
3. Apunta dos expresiones que indican que Diana Minetti era una mujer adinerada.
4. 
El narrador terminaría el trabajo.
a) en seis meses
b) lo antes posible
c) lo más tarde posible
Elige la respuesta correcta y justifícala citando el texto.
5. El narrador se iba volviendo cada voz más exigente en lo que se refiere a su remuneración. Cita todas las expresiones que lo muestran.
6. La imagen que el narrador tenía de la señora Minetti antes de conocerla era equivocada. Apunta una frase que lo indica.
II. Expression personnelle
1. Analiza y comenta la personalidad del narrador (unas 12 líneas).
2. Imagina el diálogo que siguió el encuentro entre Diana Minetti y el narrador (unas 12 líneas).
Remarque : 1 ligne = 10 mots.
III. Traduction
Traduire le texte depuis : «Como Diana Minetti vivía en París…» jusqu'à «…digno de contar su vida.»
(1)Trillado : un sujet rebattu.
(2)Estirada : pretenciosa.
(3)Boquete : ouverture.
(4)Viáticos : cantidad extra.

Corrigé

Les conseils de l'enseignant
Utilisation des verbes irréguliers du conditionnel : vendría : venir ; podría : poder, et des temps du passé : imparfait de l'indicatif et prétérit.
Attention à la concordance des temps au passé avec l'utilisation des deux formes du subjonctif imparfait : ara, iera ou ase, iese.
I. Compréhension du texte
1. Diana Minetti se puso en contacto con el narrador para ofrecerle un trabajo. La frase siguiente indica de qué tipo de trabajo se trataba: «Necesito alguien que escriba mis memorias» .
2. Cuando el narrador conoció a Diana Minetti no gozaba de una buena situación. La frase siguiente lo justifica: «Por entonces, a mediados del año 2001, yo acababa de terminar de estudiar en España y no sabía qué hacer con mi vida» .
3. Dos expresiones del texto indican que Diana Minetti era una mujer adinederada «desde la terraza de su dúplex se dominaba toda la ciudad, de Montmartre a la Défense» , «La servidumbre de su casa bastaba para atender un ministerio» .
4. El narrador terminaría lo más tarde posible. La frase siguiente sacada del texto lo justifica «iba firmemente decidido a prolongar el trabajo tanto como fuese posible.» .
5. El narrador se iba volviendo cada vez más exigente en lo que se refiere a su remuneración. Las expresiones siguientes lo muestran: «había decidido cobrar mil dólares al mes más viáticos por la redacción del libro» , «pensé que podría cobrar mil cien dólares» , Al ver su apartamento, mientras le esperaba con el café y el cigarro, aumenté a mil doscientos» , «Quizá era mejor exigir más, darse más valor» , «Mil trescientos, pensé.» .
6. La imagen que el narrador tenía de la señora Minetti antes de conocerla era equivocada. La frase siguiente lo confirma «Se abrieron las puertas del salón de par en par y entró una mujer majestuosa que no tenía nada que ver con la ancianita venerable que yo imaginaba.» .
II. Expression personnelle
1. El narrador está descrito como un hombre arribista «por dinero, yo también puedo ser una señora estirada» . Lo que me llama la atención al principio del texto es que enseguida la juzga sin saber nada de ella. Sólo conoce la dirección de su residencia en un barrio muy adinerado y sólo habla una vez con ella por teléfono. Menosprecia a Diana Minetti, tratándola de «egocéntrica» , «Madame era muy fina» . Su punto de vista en cuanto a la personalidad de la señora Minetti me parece apresurado. Nos damos cuenta de que al final, va cambiando de opinión: «entró una mujer majestuosa que no tenía nada que ver con la ancianita venerable que yo imaginaba» . Sin lugar a dudas, bien se nota que el narrador acepta verla por motivos estratégicos. No tiene trabajo, no gana dinero y para él es una gran oportunidad aunque deja entender que tiene ya muchos compromisos de trabajo «Lo siento, es que tengo tantos pedidos de trabajo que a veces me confundo. Sólo acláreme, ¿es usted la dama de Mónaco o de París?» . Está claro de que el narrador es una persona aprovechona puesto que quiere facturar más de lo que va a gastarse para moverse «Me movería en bus y metro pero la facturaría como taxi.» . Se pasa mucho tiempo reflexionando al dinero que podría cobrarla para su trabajo y para vivir bien durante un rato: «Calculaba que el libro me permitiría vivir unos seis meses» . Aparece como un hombre ansioso de dinero «podría cobrar mil cien dólares» , «aumenté a mil doscientos» , «Mil trescientos» . Tampoco es un hombre honesto: «iba firmemente decidido a prolongar el trabajo tanto como fuese posible» .
A modo de conclusión diré que el narrador es astuto y se imagina sin ninguna duda de que la señora nunca se dará cuenta de sus manejos. Es oportunista.
2. He aquí el diálogo que siguió el encuentro entre Diana Minetti y el narrador.
Diana: Buenas tardes. Siéntese señor.
El narrador: Gracias señora. Si usted lo desea puede tutearme. Será más amistoso.
Diana: ¡Me parece muy bien! Así me siento más a gusto, dijo con una sonrisa encantadora. Vayamos al grano.
El narrador: Mi abuela me ha contado que usted buscaba un escritor para escribir sus memorias.
Diana: Es exacto. Voy buscando un escritor desde hace ya muchos meses pero es difícil. Necesito a una persona que me entienda, que me escuche para que pueda ayudarme en la elaboración de mis memorias.
El narrador: Si, la entiendo. En realidad, es un reto que me interesa. De momento, no tengo ningún compromiso y estoy a su disposición si usted está de acuerdo para trabajar conmigo.
Diana, satisfecha: Sí, me gustaría trabajar contigo porque no eres como todos los que he encontrado hasta ahora. Pareces ser un joven maduro. Sé que eres ambicioso y que sueñas con ser escritor. ¿Te interesa acompañarme en mi residencia secundaria para que podamos empezar cuanto antes el trabajo? Tendrás un despacho con todo lo que necesitas para escribir, un dormitorio con cuarto de baño.
El narrador, atónito: Es… es… perdón, estoy un poco confuso…
Diana: No pasa nada… Te escucho.
El narrador, recuperándose de la noticia: Acepto señora. Usted es muy generosa y se lo agradezco. Estoy convencido de que sus memorias serán un éxito.
Diana, riéndose: Esto depende de ti también. Pero… me fío de ti y seguro que nos llevaremos muy bien. Y… ¡tienes que acostumbrarte a tutearme también!
El narrador, poniéndose colorado: Va a ser más difícil pero lo intentaré. Gracias por su confianza Señora Minetti. Me tengo que ir porque mi abuela está esperándome para cenar… y estará impaciente por saber lo que se ha dicho durante nuestra entrevista.
Diana: Tu abuela es una persona encantadora. Ya nos veremos. Te llamo dentro de una semana para concretar una cita.
El narrador: Gracias señora.
El narrador se fue de la casa de la señora muy contento. Su vida estaba cambiando.
III. Traduction
Comme Diana vivait à Paris, ma grand-mère lui mentionna qu'elle avait un petit-fils pas très loin, à Madrid. Je suis étonné que Madame n'ait jamais su que s'il y a quelque chose qui ne manque pas à Paris mis à part les fromages de chèvre ce sont les écrivains latino-américains morts de faim. Heureusement, elle n'en avait aucune idée ou alors elle considérait qu'aucun n'était digne de raconter sa vie.