Texte de Rosa Montero

Énoncé

« –Vámonos a casa. ¿Dónde está tu hermana? –No sé. […] A partir de ese momento, la nitidez(1) de mis recuerdos se emborrona(2). Sé que mi padre la buscó frenéticamente por el bulevar, por la avenida ; sé que gritamos su nombre y que preguntamos a los otros parroquianos del chiringuito(3). Nadie la había visto. Entonces mi padre me agarró de la mano, muy enfadado, y dijo: –Tiene que estar en casa. Pero yo sabía que eso no era posible, porque no nos dejaban cruzar la calle solas. Subimos en el ascensor sin decir palabra; entramos en casa. El pasillo oscuro y silencioso. La cocina, donde mi madre preparaba la cena. Martina no estaba. Siéntate, le dijo mi padre a mi madre. Ella, extrañada, sacó una de las sillas que estaban arrimadas a la mesa y se dejó caer; y entonces mi padre le contó. Supongo que hubo gritos, supongo que hubo lágrimas; yo sólo recuerdo que la silla de madera sin barnizar estaba manchada(4) de azafrán allí donde mi madre, que tenía las manos sucias de cocinar, la había agarrado. Esa mancha anaranjada con forma de mariposa ocupaba toda mi visión, toda mi cabeza. Supongo que no quería o no podía pensar nada más. Lo que vino después apenas si es en mi memoria una bruma confusa. Me apartaron(5) de la zona candente, como siempre hacen los adultos con los niños en los momentos de crisis ; me enviaron a Cuatro Caminos, con los abuelos. Pero la lejanía del conflicto no alivia(6) a los niños, antes al contrario, porque los niños poseen todavía una rica y florida imaginación, y el miedo imaginario suele ser siempre peor que el peligro o el dolor real. Pasaron tres dias de agonía y susurros, eso sí lo recuerdo: una casa en penumbra y los abuelos hablando muy bajito, para que yo no oyera. Hasta que una mañana vino mi abuela y me dijo: –Apareció Martina y está bien, gracias a Dios. Arréglate que nos vamos a tu casa. –¿Qué le ha pasado? –pregunté. –Ya te lo contarán tus padres. Y aquí viene lo más extraño y lo más inquietante de todo : nunca me lo contaron. Llegué a mi casa y me encontré a Martina jugando a los recortables(7) en la mesa del comedor, como si no hubiera ocurrido nada; peor aún, como si ella fuera la hija lista y buena, la que siempre se había quedado en casa, y yo la que regresara tras tres días de ausencia, tras haber desaparecido, tras haberme perdido, tras haber sido expulsada a quién sabe qué exilio. ¿Qué ha pasado?, me apresuré a preguntar nada más entrar. Nada, no ha sucedido nada, una tontería, ya está terminado, no hay nada que contar ni nada que hablar, me contestaron; y me hicieron sentar junto a Martina para que jugara con ella a los recortables. Mi hermana estaba quizá un poco pálida pero tenía buen aspecto, e incluso me pareció advertir en ella una expresión altiva(8), como de importancia, o de burla, o de triunfo. También a ella la interrogué cien veces sobre lo sucedido, ese mismo día y las siguientes semanas, abiertamente o en la intimidad, cuando estábamos solas ; y nunca conseguí otra respuesta que un bufido de suficiencia o una sonrisa maliciosa. A los pocos meses, el tema de la desaparición de mi hermana se había convertido en uno de esos tabúes que tanto abundan en las familias, lugares acotados y secretos por los que nadie transita, como si ese acuerdo tácito de no revisión y no mención fuera la base de la convivencia o incluso de la supervivencia de los miembros del grupo familiar. Y son tan poderosos estos tabúes, estos pozos(9) de realidad intocable e indecible que, de hecho, pueden perdurar durante generaciones sin ser nunca nombrados, hasta que desaparecen de la memoria de los descendientes. En nuestro caso concreto, después de aquellas primeras semanas de ansiedad no volví a preguntar ni a mi hermana ni a mis padres sobre el extraño incidente de la desaparición; ni siquiera ahora, siendo ya todos tan mayores como somos, se me ha ocurrido interrogarles sobre lo que pasó en esos tres dias. Tal vez esté escribiendo este libro justamente para preguntar al fin qué sucedió. Tal vez en realidad todos los escritores escribamos para cauterizar(10) con nuestras palabras los impensables e insoportables silencios de la infancia. »
Rosa Montero, La loca de la casa, 2003

I. Compréhension du texte
1. ¿Qué le pasó a la hermana de la narradora y cómo reaccionaron los padres?
2. ¿Dónde pasó tres días la narradora? ¿Por qué?
3. ¿Cómo se comportó Martina cuando volvió a casa?
II. Expression personnelle
1. Analize y comente la actitud de los adultos.
2. «Tal vez en realidad todos los escritores escribamos para cauterizar con nuestras palabras los impensables e insoportables silencios de la infancia.»
Apoyándose en sus lecturas y en sus conocimientos, diga qué opina de esta reflexión y qué otros papeles puede tener la literatura.
III. Traduction
Traduire le passage « Llegué a mi casa… de triunfo ».
(1)La nitidez : la netteté.
(2)Emborronarse : se brouiller, devenir flou.
(3)Los parroquianos del chiringuito : los clientes del bar.
(4)Manchar : tacher.
(5)Apartar : alejar.
(6)Aliviar : ici, rassurer.
(7)Los recortables : cf. recortar, découper.
(8)Altivo, a : orgulloso, a.
(9)Los pozos : les gouffres, les puits.
(10)Cauterizar : cicatriser.

Corrigé

I. Compréhension du texte
1. Un día, la hermana de la narradora desapareció. Se dieron cuenta de que Martina ya no estaba presente cuando el padre preguntó por ella. Él se puso a buscarla con espanto y frenesí «frenéticamente» por todas partes «por el bulevar, por la avenida, preguntamos […] chiringuito». En vano. No la encontró. Decidió volver a casa con la narradora para averiguar que Martina no había vuelto sola. Estaba cabreado «enfadado». Volvieron muy calladitos «sin decir palabra» y constataron que la chica no estaba. El padre tenía que contar lo que había ocurrido a la madre. Lo hizo sin vacilar «siéntate» porque bien se supone que no quería que su mujer se asustara demasiado. Ésta encontró la situación rara «extrañada».
Pero no sabemos exactamente lo que pasó en aquel momento ya que la narradora no recuerda la reacción de su madre. Sin embargo, parece evidente que ésta se puso a gritar «hubo gritos», y a llorar «hubo lágrimas». El texto alude a un detalle que expresa sin duda el dolor que provocó la noticia. La madre tuvo que agarrarse a la silla para no caerse, para no desmayarse y la manchó con azafrán.
2. La narradora pasó tres días en casa de sus abuelos. Sus padres la mandaron allí para que no se encontrara en medio de una situación que no controlaban. Lo hicieron para que no viviera ni soportara las diferentes reacciones de cada uno de ellos. Querían protegerla. Pero ocurrió todo lo contrario. La narradora vivió mal la separación y se pasó todo el tiempo pensando en lo peor «la lejanía […] el dolor real». A ella le molestaba no saber el porqué de la desaparición brutal de su hermana. Tenía pocas posibilidades de que sus abuelos le dijeran algo sobre este misterio. Le resultaba insoportable la mala atmósfera que reinaba en el seno de su familia «tres días de agonía, una casa en penumbra» y experimentó una especie de malestar frente a la actitud discutible de sus abuelos «susurros, hablando muy bajito».
Fueron tres días de miedo, de interrogaciones y de dudas y nadie le ayudó a sentirse mejor. La política del silencio se había instaurado.
3. Cuando Martina volvió a casa, se comportó como si nada hubiera pasado. Se dedicó a sus ocupaciones y adoptó una actitud extraña «me encontré […] los recortables». En el texto, se trasluce la falta de complicidad entre las dos hermanas y lo infeliz que se sentía la narradora al no saber nada «nada […] nada que hablar». Le desagradaba estar confrontada a una situación que no entendía. Es de notar que las dos chicas no reaccionaron de la misma manera frente a una situación tan extraña como ésta. La narradora prefirió resignarse después de muchas preguntas sin respuestas «la interrogué cien veces», «el tema de la desaparición […] familias». La narradora dejó de buscar la verdad sobre lo que pasó «no volví a preguntar ni a mi hermana ni a mis padres». Adoptó una actitud responsable, llena de madurez mientras que Martina poseía un carácter diferente. Se bosqueja un retrato de ella poco halagueño, la de una chica egoísta y solitaria a quien no le gustaba compartir cosas con alguien y aún menos con su hermana. Se pasaba horas jugando y actuaba como si no hubiera ocurrido algo extraño. La narradora tomaba consciencia de que algo andaba mal, no sabía qué hacer para entender una situación que le estaba escapando. Debió sentir culpabilidad por no haber visto antes lo anormal que era la actitud de su hermana. Martina tuvo una actitud discutible «como si ella fuera la hija lista y buena», casi irrespetuosa «de burla». Se evidencia una expresión de satisfacción «de triunfo». Es un poco presumida «de importancia», reacciona como si hubiera conseguido un éxito personal, es muy segura de sí misma «un bufido de suficiencia». La chica parecía plenamente consciente de lo que su ausencia había provocado «una sonrisa maliciosa». Estaba satisfecha porque se había dado cuenta del impacto de su desaparición en el entorno familiar. A la narradora, le dolió mucho esta falta de comunicación y de contacto entre ella y los otros miembros de la familia y siguió viviendo con este «insoportable silencio de la infancia».
II. Expression personnelle
1. Me parece interesante desarrollar la actitud de los padres. Me llama la atención el comportamiento silencioso que ambos adoptaron frente a una situación tan grave como ésta «nunca me lo contaron». Primero, notamos el espanto de cada uno cuando se enteraron de la desaparición de su hija. Luego, prefirieron alejar a la narradora de esta historia compleja. Para mí, es un error puesto que la chica hubiera vivido mejor este momento clave de su vida. Hubiera entendido lo que estaba pasando si se había quedado ayudando a sus padres.
A pesar de todo, éstos tenían el deber de interesarse por ella y no sólo por Martina, y tenían que mantener una relación comprensiva y tranquilizadora con la narradora. Me choca un poco esta actitud en la medida en que disculparon a Martina y no buscaron a explicar los motivos de su desaparición a su hermana «ese acuerdo tácito […] del grupo familiar». Es como si no hubieran superado el miedo que experimentaron. Opino que no hay que hacer diferencias entre los hijos pase lo que pase y no hay que contestar a una actitud provocadora ni ceder al chantaje. Es posible también que estemos frente a un período en que las relaciones entre padres e hijas eran conflictivas. Prefirieron olvidar el incidente en vez de establecer una verdadera comunicación entre todos. La anécdota acaba por ser un tabúe «y son tan poderosos […] descendientes», «ni siquiera […] tres días».
2. «Tal vez en realidad todos los escritores escribamos para cauterizar con nuestras palabras los impensables e insoportables silencios de la infancia». Esta reflexión me parece interesante. Es importante subrayar los diferentes papeles que puede tener la literatura. Al leer ciertos libros, nos damos cuenta de que algunas veces, son las circunstancias de la vida personal e íntima que impulsan los novelistas o escritores a escribir. En la mayoría de los casos, lo que recuerdan a través de su relato puede servir de terapia. Es el testimomio de una época difícil. Hay que subrayar un detalle: escribir sobre los recuerdos de la infancia es un reto porque es vivir de nuevo anécdotas duras, dolorosas. Es abrir heridas que no han cauterizado. Muchas veces, es el relato de acontecimientos que han cambiado una vida, un modo de ser y pensar, una visión diferente de lo que pasa en su entorno. Un niño a quien han maltratado puede escribir más tarde para que este tipo de violencia no se reproduzca. Y sobre todo para que el tabúe del silencio no exista. Escribe para que su experiencia sirva de ejemplo a otros. No es permitido abusar de los niños. Es un acto que se debe castigar.
La escritura puede permitir el desarrollo de ciertos aspectos desconocidos de la personalidad. Permite a uno ser más fuerte frente a ciertos problemas de la vida cotidiana. Permite ser más tolerante y más comprensivo frente a acontecimientos que pasan a través del mundo. Gracias a la literatura, uno consigue tomar confianza en sí mismo y a creer en sus capacidades.
Para concluir, diré que la literatura sirve para reflexionar, para intercambiar ideas, favorece sin duda el sentido crítico. Tiene también un papel histórico. Deja huellas del pasado.
III. Traduction
Je suis arrivée chez moi et j'ai trouvé Martina en train de faire des découpages sur la table de la salle à manger, comme si rien ne s'était passé ; pire encore, comme si c'était elle la fille intelligente et gentille, celle qui était toujours restée à la maison et moi celle qui revenait après trois jours d'absence, après avoir disparu, après m'être perdue, après avoir été envoyée dans Dieu sait quel exil. Que s'est-il passé ? m'empressai-je de demander à peine arrivée. Rien, il ne s'est rien passé, une bêtise, c'est déjà fini, il n'y a rien à raconter ni rien à en dire, me répondirent-ils ; et ils me firent asseoir à côté de Martina pour que je joue avec elle aux découpages. Ma sœur était peut-être un peu pâle mais elle avait bonne mine, et j'eus même l'impression d'observer chez elle une expression hautaine, comme d'importance, ou de moquerie ou même de triomphe.