Patricia Alvarado, Vivencias de una mexicana en la vieja y nueva España

Énoncé

Discusión en el autobús
« Este episodio aconteció cuando todavía circulaban las pesetas y nadie pensaba ni soñaba con el euro. Ocurrió en un autobús de la capital. Creo recordar que era la línea 150. Recorríamos el paseo de la Castellana. En una parada, un jubilado(1) se subió con un billete de mil pesetas. Con su billete verde quería pagar el tique, que costaba entonces veinticinco pesetas. Atónito, el conductor le pregunta si no lleva monedas. El jubilado, con tono autoritario, le asegura que es lo único que tiene encima. El chófer no se deja impresionar. Le explica al pasajero que no tiene suficiente cambio y le conmina(2) a que se baje. El pasajero contesta con el mismo estilo: se niega a bajar. Entonces, el empleado de la empresa municipal de autobuses frena en seco y dice tranquilamente que no sigue la ruta a menos que el caballero le pague el importe del viaje o baje. Conmoción entre los usuarios del 150: unos exigen al chófer que acepte el billete verde del pensionista y que arregle el asunto como sea, que ésa es su obligación. Otros, en cambio, invitan al viejito a que abandone el vehículo. Estamos en verano y el bochorno aprieta. No hay aire acondicionado y los ánimos se exacerban. Todos discuten al unísono: amas de casa, estudiantes y funcionarios defienden sus tesis acaloradamente. Pronto se forman dos bandos: cada uno explica al otro cómo hay que proceder en estos casos. El tono sube. Se oyen frases como «Usted no tiene ningún derecho a dejar tirado(3) a este señor» o «Bájese, ¿no se da cuenta de la que ha armado (4)?». De repente, alguien dice: «Esto con Franco no pasaba.» La bronca se desvía entonces hacia un debate político sobre las luces y las sombras de la democracia en España, sobre si ya no hay moral, sobre el destape: («¡Qué horror, esta pornografía en los quioscos!»). También salen a relucir las buenas costumbres de antes: («Las chicas no fumaban, no tomaban anticonceptivos, no usaban minifalda y llegaban a las diez de la noche a casa»). No paran ahí. Algunos argumentan que la libertad ha llegado de la mano de una transición ejemplar. Que ya no existe miedo y tampoco hay represalias, que cada cual puede expresar lo que piensa sin temor, que la convivencia pacífica no era un sueño, que los españoles son capaces de vivir juntos sin pelearse(5). Mientras tanto, el jubilado sigue impertérrito, de pie, en el primer escalón del autobús. De repente, una mujer gruesa de mediana edad, con voz grave y llena de bolsas de la compra, repara en(6) mí. Me pregunta mi opinión. Le comento que soy mexicana y que nunca había visto un espectáculo semejante. Entonces, alguien propone algo que me pone en un verdadero aprieto. –¿Por qué no preguntamos a la extranjera quién tiene razón? Me doy cuenta de que en este país se pone en cuestión todo, pero no me atrevo a imponer mi opinión. Dudo y miro alrededor. ¿Qué hacer? Finalmente, tengo una idea: le doy al conductor las veinticinco pesetas exactas y el autobús se pone en marcha. »
Patricia Alvarado, Vivencias de una mexicana en la vieja y nueva España, in Vaya País, 2007

I. Compréhension du texte
1. 
¿Dónde transcurre la escena? Elige la respuesta correcta:
a) en México.
b) en Madrid.
c) en Lima.
2. 
¿Por qué empezó la discusión?
a) El pasajero no tenía bastante dinero para pagar el tique del viaje.
b) El pasajero no llevaba monedas.
c) El pasajero llevaba veinticinco pesetas.
3. 
¿En qué se parecen el chófer y el pasajero? Justifica tu elección con dos elementos sacados del texto:
a) Los dos son jubilados.
b) Los dos llevan monedas.
c) Los dos parecen obstinados.
4. A partir de la discusión entre el chófer y el pasajero, ¿qué soluciones propone cada grupo de viajeros? Apunta una solución propuesta por cada grupo.
5. ¿Qué elemento contribuye a exacerbar la oposición entre los dos bandos?
a) El jubilado no quiere bajar del autobús.
b) Las amas de casa no opinan como los estudiantes.
c) Hace demasiado calor.
d) Los funcionarios están armados.
6. Cita dos argumentos de los nostálgicos de la época de Franco y dos argumentos de los partidarios de la democracia.
7. 
¿Por qué le preguntan a la narradora lo que opina sobre este caso? Elige la respuesta correcta.
a) Porque nunca ha visto un espectáculo parecido.
b) Porque en este país todo se pone en duda.
c) Porque es mexicana.
8. 
¿Cómo se resuelve el caso? Justifica tu elección con un elemento sacado del texto.
a) El autobús se pone en marcha.
b) El jubilado se baja del autobús.
c) La narradora paga el tique.
d) El chófer frena.
II. Expression personnelle
1. Analiza y comenta el comportamiento de los pasajeros a lo largo del texto (unas quince líneas).
2. Imagina un diálogo entre el jubilado y la narradora después de lo acontecido (unas dieciséis réplicas).
III. Traduction
Traduire depuis «Entonces…» jusqu'à «…se pone en marcha.»
(1)Un jubilado : un retraité.
(2)Conminar a que : exiger que.
(3)Dejar tirado : laisser sur le bas côté.
(4)La que ha armado : le scandale que vous avez provoqué.
(5)Pelearse : se battre.
(6)Reparar en : faire attention à.

Corrigé

Les conseils de l'enseignant
Attention à ne pas mélanger l'imparfait de l'indicatif avec le passé simple. En effet, le sujet traite du manque de tolérance et de la différence entre deux générations de personnes (ceux qui ont vécu pendant la dictature et ceux qui connaissent la démocratie).
I. Compréhension du texte
1. La escena del texto ocurre en Madrid. He aquí las frases que lo confirman: «Circulaban las pesetas. […] Ocurrió en un autobús de la capital» .
2. La discusión empezó porque el pasajero no llevaba monedas. La expresión siguiente lo revela «se subió con un billete de mil pesetas» .
3. El chófer y el pasajero se parecen porque los dos parecen obstinados. Las dos frases siguientes lo ponen de relieve «el chófer no se deja impresionar. Le conmina a que se baje. El pasajero contesta con el mismo estilo: se niega a bajar» .
4. A partir de la discusión entre el chófer y el pasajero, cada grupo de viajeros propone soluciones. Un grupo ruega al chófer que acepte las mil pesetas del jubilado y que solucione el problema «unos exigen al chófer que acepte el billete verde del pensionista y que arregle el asunto como sea.» mientras que el otro grupo pide a la persona mayor a que baje del autobús «otros […] invitan al viejito a que abandone el vehículo» .
5. Un elemento contribuye a exacerbar la oposición entre los dos bandos: hace demasiado calor. He aquí la frase que lo indica: «estamos en verano y el bochorno aprieta» .
6. Los nostálgicos de la época de Franco citan varios argumentos «ya no hay moral, […] esta pornografía en los quioscos […], las chicas no fumaban, no tomaban anticonceptivos, no usaban minifalda y llegaban a las diez de la noche a casa.» . Mientras que los partidarios de la República defienden la libertad de expresión «cada cual puede expresar lo que piensa sin temor» , e insisten diciendo que «los españoles son capaces de vivir juntos sin pelearse.» .
7. Le preguntan a la narradora lo que opina sobre el caso porque es mexicana «¿Por qué no preguntamos a la extranjera quién tiene razón?» .
8. Por fin el caso se resuelve. La narradora paga el tique «tengo una idea: le doy al conductor las veinticinco pesetas exactas y el autobús se pone en marcha.» .
II. Expression personnelle
1. El comportamiento de los pasajeros va cambiando a lo largo del texto. La narradora nos revela aspectos insólitos de la reacción de cada uno de los grupos. Primero, tenemos la impresión de que los pasajeros van a resolver el asunto de manera diplomática, unos piden al chófer que acepte el billete mientras que los otros intentan convencer al jubilado que baje del autobús. Pero bien se nota que después de algunos minutos, los pasajeros que sufren del calor «el bochorno aprieta» empiezan a perder paciencia «los ánimos se exacerban» . Y cada uno va enfadándose «todos discuten al unísono» . Es cuando dos grupos empiezan a formarse: los nostálgicos de la dictadura que defienden las ideas de la época «ya no hay moral sobre el destape […] salen a relucir las buenas costumbres de antes.» y por otra parte los partidarios de la libertad que piensan que cada uno puede vivir con el otro sin problemas «la convivencia no era un sueño» . Cada uno da su punto de vista sin encontrar una solución adecuada para resolver el asunto. Cuando de repente, se le ocurre una idea a una mujer. Ésta estaría deseando volver a su casa con sus compras. Pregunta su opinión a una mujer extranjera que hasta este momento no se había metido en la discusión. Pero le parece difícil contestar frente a tanta animosidad. Es como si de pronto todos estuvieran esperando una respuesta milagrosa que pudiera resolver el problema. Podemos imaginar que todos están atentos, que se han callado porque esperan una opinión. La mujer mexicana tiene la impresión de que nunca nadie se ha fijado en ella así: todos los pasajeros siguen interesándose por ella al hacerle una pregunta como ésta «¿por qué no preguntamos a la extranjera quién tiene razón?» . Por supuesto que ella se siente mal porque no sabe qué hacer «Dudo y miro alrededor.» . Por fin encuentra la solución, una idea sencilla a la que nadie se le ha ocurrido: paga el billete del señor «le doy al conductor las veinticinco pesetas exactas» . Suponemos que fue así como los pasajeros volvieron a viajar con tranquilidad y serenidad en el autobús. Para concluir, podemos añadir que la reacción de los pasajeros fue exagerada. También nos damos cuenta de la personalidad de algunos cuando los problemas surgen.
2. He aquí el diálogo entre el jubilado y la narradora después de lo acontecido.
El jubilado: Oiga señorita, quiero agradecerla por lo que acaba de hacer por mí.
La narradora: De nada señor, es natural.
El jubilado: ¿Natural? No señorita. Usted me ha salvado el pellejo. Algunos pasajeros estaban a punto de echarme del autobús. No lo parecía pero me asusté.
La narradora: Se lo digo de verdad: nunca había asistido a un espectáculo como éste. Me quedé atónita frente a tantas discusiones por un tique de veinticinco pesetas.
El jubilado: Es que la gente es muy egoísta. Me da la impresión de que ciertos valores de la vida van desapareciendo. Antes, cada uno se ayudaba, había un sentimiento de solidaridad que ya no existe tanto. Me quedé alucinado cuando usted me pagó el billete y quiero que sepa que nunca lo olvidaré.
La narradora: No podía aguantar más la situación y había que hacer algo. Lo he hecho con ilusión.
El jubilado, conmovido: ¿Puedo invitarla a tomar un café?
La narradora: Por supuesto que sí. ¿Dónde le apetece ir?
El jubilado: En la esquina de esta calle hay un bar donde sirven un café delicioso. Estaba acostumbrado a ir a este sitio con mi mujer. Murió hace poco de un ataque del corazón.
La narradora: Lo siento mucho señor. Perdóneme un momento pero tengo que avisar mi novio que tardaré un poco en volver.
El jubilado: Pues que se venga con nosotros y le contamos nuestra aventura.
La narradora: Vale. Pero no sé si ha regresado a casa ya o si sigue trabajando. Ahora se lo digo.
Después de un instante corto, vuelve la narradora sonriendo.
La narradora: Mi novio nos acompaña al bar. Estará muy contento de conocerle.
El jubilado: Y yo a él. Le diré la suerte que tiene con una mujer como usted.
La narradora, colorada: Por favor. Lo que he hecho es poca cosa.
El jubilado: Para mí, no. Pero dejemos el tema y hablemos de otra cosa…
Se dirigieron hacia el bar donde les estaba esperando el novio. Se quedaron allí un buen momento y se rieron mucho de lo sucedido.
III. Traduction
Alors, quelqu'un propose quelque chose qui me met dans l'embarras.
– Pourquoi ne demandons-nous pas à l'étrangère qui a raison ?
Je me rends compte que dans ce pays tout est remis en question, mais je n'ose pas imposer mon avis. Je doute et je regarde autour de moi. Que faire ? Finalement, j'ai une idée : je donne au conducteur les vingt-cinq pesetas exactes et l'autobus redémarre.