Texte de Gabriel García Márquez

Énoncé

Una vocación arrasadora
« (1)Desde el principio de la conversación me sentí ante el doctor con la misma edad que tenía cuando le hacía burlas por la ventana, de modo que me intimidó cuando se dirigió a mí con la seriedad y el afecto con que hablaba a mi madre. Cuando era niño, en situaciones dificiles, trataba de disimular mi ofuscación con parpadeo rápido y continuo. Aquel reflejo incontrolable me volvió de pronto cuando el doctor me miró. El calor se había vuelto insoportable. Permanecí al margen de la conversación por un rato, preguntándome cómo era posible que aquel anciano afable y nostálgico hubiera sido el terror de mi infancia. De pronto, al cabo de una larga pausa y por cualquier referencia banal, me miró con una sonrisa de abuelo. – Así que tú eres el gran Gabito –me dijo. ¿Qué estudias? Disimulé la ofuscación con un recuento espectral de mis estudios: bachillerato completo y bien calificado en un internado oficial, dos años y unos meses de derecho caótico, periodismo empírico(2). Mi madre me escuchó y en seguida buscó el apoyo del doctor. – Imagínese, compadre(3) –dijo–, quiere ser escritor. Al doctor le resplandecieron los ojos en el rostro. – ¡Qué maravilla, comadre(4)! –dijo. Es un regalo del cielo. –Y se volvió hacia mí– :¿Poesía? – Novela y cuento –le dije, con el alma en un hilo(5). Él se entusiasmó: – ¿Leíste Doña Bárbara? – Por supuesto –le contesté–, y casi todo lo demás de Rómulo Gallegos. Como resucitado por un entusiasmo súbito nos contó que lo había conocido en una conferencia y le pareció un digno autor de sus libros. La verdad es que en aquel momento, con mi fiebre de cuarenta grados por las sagas(6) del Misisipí, empezaba a verle las costuras a la novela vernácula. Pero la comunicación tan fácil y cordial con el hombre que había sido el pavor de mi infancia me parecía un milagro, y preferí coincidir con su entusiasmo. Le hablé de «La Jirafa» –mi nota diaria en El Heraldo– y le avancé la primicia de que muy pronto pensábamos publicar una revista en la que fundábamos grandes esperanzas. Ya más seguro, le conté el proyecto y hasta le anticipé el nombre: Crónica. Él me escrutó de arriba abajo. – No sé cómo escribes –me dijo–, pero ya hablas como escritor. Mi madre se apresuró a explicar la verdad: nadie se oponía a que fuera escritor, siempre que hiciera una carrera académica que me diera un piso firme(7). El doctor minimizó todo, y habló de la carrera de escritor. También él hubiera querido serlo, pero sus padres, con los mismos argumentos de ella, lo obligaron a estudiar medicina cuando no lograron que fuera militar. – Pues mire usted, comadre –concluyó. Médico soy y aquí me tiene usted, sin saber cuántos de mis enfermos se han muerto por la voluntad de Dios y cuántos por mis medicinas. Mi madre se sintió perdida. – Lo peor –dijo– es que dejó de estudiar derecho después de tantos esfuerzos que hicimos por sostenerlo. Al doctor, por el contrario, le pareció la prueba espléndida de una vocación arrasadora: la única fuerza capaz de disputarle sus fueros(8) al amor. Y en especial la vocación artistica, la más misteriosa de todas, a la cual se consagra la vida íntegra sin esperar nada de ella. – Es algo que se trae dentro desde que se nace y contrariarla es lo peor para la salud –dijo él. […] Así sea la vocación de cura. Me quedé alucinado por la forma que explicó lo que yo no había logrado. Mi madre debía compartirlo, porque me contempló con un silencio lento, se rindió a su suerte. – ¿ Cuál será el mejor modo de decirle todo esto a tu papá? –me preguntó. – Tal como acabamos de oírlo –le dije. – No, así no dará resultado –dijo ella. Y al cabo de otra reflexión, concluyó: Pero no te preocupes, ya encontraré una buena manera de decírselo. No sé si lo hizo así, o de qué otro modo, pero allí terminó el debate. »
GabrielGarcíaMárquez, Vivir para contarla, 2002

I. Compréhension du texte
1. ¿Quiénes son los personajes y cómo se nota que ya se conocen?
2. ¿Qué estudió el narrador?  ¿Qué queria ser en realidad?
3. Apunte las expresiones que revelan la posición del doctor y la de la madre frente a ese proyecto.
II. Expression personnelle
1. Apoyándose en elementos del texto analice los sentimientos del narrador ante el doctor.
2. ¿Piensa usted que es posible para un joven seguir su vocación? ¿Qué obstáculos puede encontrar?
III. Traduction
Traduire depuis : « Mi madre se apresuró… » jusqu'à : « … hicimos por sostenerlo. »
(1)Arrasadora : dévastatrice.
(2)Empírico : sacado de la experiencia.
(3)Compadre : (ici) amigo.
(4)Comadre : (ici) amiga.
(5)El alma en un hilo : (ici) inquieto.
(6)Sagas : aventuras.
(7)Piso firme : bases solides.
(8)Fueros : derechos.

Corrigé

I. Compréhension du texte
1. Los personajes que presenta el texto es el narrador, su madre y el doctor. Ya se conocen desde hace años «me sentí […] burlas». El chico era muy joven «niño» cuando iba a ver el médico de familia. Subraya también el miedo que le entraba cuando le veía «cómo era posible […]mi infancia. El doctor se interesa ahora por los estudios de su paciente. El joven vuelve a experimentar varios sentimientos al encontrarse frente a «aquel anciano».
Ya se ve que todos los protagonistas se conocen puesto que hablan a menudo de temas personales, las palabras y el tiempo utilizados recuerdan el pasado de cada uno «misma edad que tenía […] era niño […] mi infancia […]». El doctor recuerda su interés por el oficio de escritor pero nos enteramos de que sus padres no le dejaron saciar su pasión «sus padres […] medicina». Pasa lo mismo con el joven: quiere ser escritor pero su padre y su madre son escépticos frente a su proyecto. Vemos como las reacciones de los diferentes personajes van cambiando a lo largo del texto.
2. El narrador estudió mucho antes de descubrir su verdadera vocación. Nada en lo que hizo le predestinaba a ser escritor. Para él, fue una decisión muy importante en su vida. Antes de todo, pasó el «bachillerato», se empeñó en que fuera un «bachillerato completo y bien calificado», cursó derecho durante poco tiempo «dos años y unos meses». Añade el adjetivo «caótico» para poner de realce su falta de interés por esta carrera profesional. Como le gustaba mucho escribir, intentó el periodismo. Pero por fín, se dio cuenta de que en realidad quería ser escritor de novelas y cuentos. Decidió dedicarse completamente a la escritura, su pasión desde siempre. Su decisión no aparentaba con un capricho sino más bien con un afán de aventuras, con su deseo de enriquecerse gracias a experiencias diferentes a través de historias o de cuentos, o con dar a la sociedad un medio de evadirse de lo real.
3. Muchas expresiones revelan la posición del doctor y de la madre frente a ese proyecto. Muy pronto nos damos cuenta de que ella esperaba el sostén del médico «el apoyo». Pero se quedó atónita, asombrada cuando éste se regocijó al enterarse de la noticia «le resplandecieron los ojos»; ¡qué maravilla! […] es un regalo del cielo». Ya se nota que estamos frente a dos puntos de vista diferentes. El médico se puso a contar una anécdota: encontró a Rómulo Gallegos, un autor conocido y que se revelaba «digno de sus libros». De ahí una conversación interesante, amistosa se entabló entre el joven y el médico «fácil y cordial». Ambos presentaban un denominador común puesto que a los dos les gustaba mucho la literatura. El chico se dejó llevar por confidencias hablando de su proyecto en el que creía mucho «muy pronto […] esperanzas». Entendemos que es una verdadera afición. La madre, muy calladita, empezó a restablecer su «verdad». Se empeñó en explicar porque quería que su hijo hiciera estudios e insistió en el hecho de que «nadie […] escritor». Es como si estuviera justificándose, como si quisiera ahora convencer al médico de que lo único que deseaba era lo mejor para su hijo. Después descubrimos el motivo por el que el doctor defendía al chico puesto que sus propios padres reaccionaron como la madre del joven al descubrir que quería seguir una vocación artística. Abandonó la idea de escribir y estudió medicina «también él […] medicina».
La actitud de la madre nos llama la atención, se sentía defraudada «perdida», carecía de comprensión y de tolerancia frente a los deseos de su hijo «dejó […] sostenerlo». Es una manifestación bastante egoísta porque pienso que hay que respetar las ambiciones de los chicos y que el deber de los padres es aconsejar, guiar sin imponer sus ideas. Además, el doctor aplaudió la determinación del chico «la prueba […] de una vocación arrasadora». Insistió subrayando la abnegación necesaria para conseguir su objetivo «la vocación artística […] nada de ella». Añadió que una vocación como ésta era innata «se trae […] se nace» y que contribuía al completo desarrollo de la personalidad. Ir en contra, no era bueno para el equilibrio del joven «contrariarla […] la salud». Lo interesante es que el médico logró convencer a la madre, ésta se quedó sin voz «me contempló […] lento» y no buscó en exponer otros argumentos «se rindió». Al final del texto estaba convencida, tomó conciencia de la pasión que animaba a su hijo. La última etapa, y no era tan fácil, era reflexionar en cómo decírselo al padre del joven.
II. Expression personnelle
1. Los sentimientos del narrador ante el doctor van cambiando a lo largo del texto. Al principio, era difícil encontrarse frente a una persona que le intimidaba mucho y resaltaron sus manías de cuando era joven «parpadeo […] continuo». No participó enseguida a la conversación que se iniciaba entre su madre y el doctor «permanecí al margen», intentaba entender por qué una persona ahora mayor seguía asustándole tanto «hubiera sido […] mi infancia». Pero el médico consiguió poco a poco a darle confianza y el joven se sintió mucho más a gusto con él «fácil», y la conversación tomó un tono más simpático «cordial». Podemos suponer que el miedo fue transformándose a lo largo del texto en una especie de admiración «me quedé alucinado» puesto que el chico se dio cuenta de que ambos compartían la misma pasión. El médico defendió muy bien su decisión de ser escritor a pesar de lo que pensaban sus padres. Había conseguido lo que nadie había logrado hasta ahora: convenció a su madre que le dejara saciar su vocación.
2. Pienso que es posible para un joven seguir su vocación a pesar de los obstáculos que puede encontrar. Lo primero es convencer a los padres, sobre todo cuando no piensan en la misma carrera profesional que el joven. En la mayoría de los casos, se nota su incomprensión frente a la decisión del joven. Les preocupa mucho la vida que va a llevar, temen que su hijo deje de ir a la universidad para dedicarse aún más a su pasión. Los jóvenes no tienen que renunciar a su objetivo por miedo a la reaccción de los padres. Al contrario, tienen que explicar los motivos por los que quieren conseguir su meta. Es necesario que tengan virtudes como la paciencia, las ganas de aprender y no deben dimitir frente a las dificultades encontradas, tienen que procurar que los padres tengan una buena percepción de lo que desean hacer con pasión. En otros términos, significa que todas las vocaciones son dignas de interés.
Conseguir una vocación depende también de la educación que recibimos, de los momentos que vivimos, de las relaciones que se establecen con los demás y que permiten moldear nuestra personalidad. Una vocación es algo que se desarrolla de manera permanente y conseguirla puede dar un sentido a la vida. A mi parecer, ninguna vocación puede ser menospreciada porque todas ofrecen oportunidades de enseñar lo que se sabe hacer, todas tienen sus particularidades.
En mi opinión, el hecho de que un joven no consiga llevar a cabo su vocación puede resultar frustrante. En cambio, lograrla tiene consecuencias inmediatas en su vida y puede ser una etapa importante en su personalidad.
III. Traduction
Ma mère s'empressa d'expliquer la vérité : personne ne s'opposait à ce que je sois écrivain pourvu que je suive une formation universitaire qui m'apporterait des bases solides. Le docteur minimisa le tout et parla du métier d'écrivain. Lui aussi, il aurait voulu l'être, mais ses parents, avec les mêmes arguments que les miens, l'obligèrent à étudier la médecine puisqu'ils n'étaient pas parvenus à ce qu'il soit militaire.
– Eh bien regardez, mon amie, conclut-il. Médecin je suis et vous m'avez devant vous, sans savoir combien de mes malades sont morts par la volonté de Dieu et combien à cause de mes médicaments.
Ma mère se sentit perdue.
– Le pire, dit-elle, c'est qu'il a arrêté d'étudier le droit après que nous avons fait tant d'efforts pour le soutenir.