Texte d'Ignacio Martinez de Pison

Énoncé

Unos escritores demasiado humanos
« En mi época de estudiante también sentí la llamada de la literatura, dijo Ramón. Me gustó esa expresión: la llamada de la literatura. Ahora tengo poco tiempo para leer, añadió. A partir de ese día se acostumbró a traerme libros. Eran libros que había leído y le habían gustado, pero los ejemplares que me traía eran siempre nuevos, nunca los de su biblioteca, los que él había manejado. No tienes que devolvérmelos, por supuesto que no, son tuyos, te los regalo, me decía. Luego Ramón me preguntaba qué me había parecido esta o aquella novela. Para entonces nuestra relación había empezado a languidecer, y fueron esas conversaciones las que me mantuvieron unida a él un par de meses más. Asistí a unas charlas(1) sobre literatura. Iba siempre en compañía de Antonia, que era la que me informaba sobre las características del orador: si era un novelista, un poeta, un profesor, si de él podía esperarse una intervención amena y brillante. Las charlas solían tener lugar en cajas de ahorros(2) y colegios mayores, y el momento clave venía al principio, cuando el conferenciante recorría el pasillo precedido por el presentador, subía con mayor o menor desenvoltura los escalones del estrado y ocupaba su asiento ante el botellín de agua y el micrófono. En realidad, de aquellos hombres y mujeres me interesaban menos las palabras que el aspecto, menos las ideas que la forma de comportarse. Tenía idealizada la figura del escritor. Pensaba que los escritores eran unos seres instalados en un nivel superior de la existencia, personas que tenían respuestas para todo y a las que me habría gustado poder acceder para contrastar mis inquietudes y pedir consejo. Si un escritor no sabía orientarse en el laberinto de la vida, ¿quién entonces? Por eso ese primer minuto era tan importante: porque en él debía descubrir los rasgos que revelan su genio. Estaba segura de que, si alguna vez me hubiera cruzado por la calle con un escritor de los que yo admiraba, con Pasternak o con Hemingway, una simple ojeada me habría bastado para percibir su superioridad, una superioridad que procedía de la experiencia del dolor y de la habilidad para convertir esa experiencia en arte. Con aquellos escritores de la caja de ahorros ese primer vistazo resultaba siempre decepcionante, y sus palabras no hacían otra cosa que confirmarlo. Los encontraba humanos, demasiado humanos: pequeños, miserables. Mencionaban títulos de libros desconocidos dando por supuesto que todos los habíamos leído, y de vez en cuando descalificaban a algún que otro autor clásico para darse importancia y situarse por encima. Con sus barbitas recortadas y sus gafas de concha tenían algo de impostores, de charlatanes que intentaban vender frascos de crecepelo y navajas suizas de varios usos… No, seguro que ni Pasternak ni Hemingway eran así. Me volvía hacia Antonia y le decía al oído: « A éste tampoco me apetece leerle.» Y ella me lo reprochaba en un susurro: «¡Mujer, cómo eres!» Antonia era de las que luego, cuando acababa la charla, se acercaban con su ejemplar y hacían cola(3) para conseguir una dedicatoria. Yo la esperaba a la salida. Ella se reunía conmigo al cabo de unos minutos. Llevaba el libro como las colegialas llevan sus carpetas, apretado contra el pecho(4). (La narradora, el 13 de mayo, escribió en su diario personal.) 13 de mayo Antonia dice que en las novelas busco respuestas y lo que tendría que buscar son preguntas. Antonia también dice que le pido demasiado a la literatura. »
Ignacio Martínez de Pisón, El tiempo de las mujeres, 2003

I. Compréhension du texte
1. 
Di si las afirmaciones siguientes son verdaderas o falsas y justifica cada respuesta citando el texto.
a) Ramón solía pedirle libros a la narradora.
b) Ramón y la narradora solían hablar de los libros que leían.
c) Los libros eran lo único que unía a Ramón con la narradora.
2. ¿Dónde tenían lugar las charlas? ¿Con quién iba a presenciarlas la narradora?
3. ¿En qué se fijaba la narradora cuando veía a los escritores de las charlas? Cita la frase del texto que permite contestar a la pregunta.
4. Cita dos ejemplos que muestran que la narradora idealizaba a los escritores.
5. ¿Cómo juzgaba la narradora a los escritores que intervenían en las charlas? Encuentra cuatro palabras en el texto para calificarlos.
6. Valiéndote del texto, da dos elementos que indican cómo reaccionaban la narradora y su amiga al final de las charlas.
7. «Le pido demasiado a la literatura.» Encuentra en el texto otro fragmento que permite justificar esta afirmación.
II. Expression personnelle
1. Analiza y comenta la relación que tiene la narradora con la literatura a lo largo del texto (unas doce líneas).
2. Te has cruzado con un personaje famoso a quien admiras y te quedas muy emocionado(a).
Redacta una página de tu diario íntimo precisando tus impresiones y sentimientos. (unas doce líneas)
III. Traduction
Traduire depuis «Me volvía…» à «…contra el pecho.»
(1)Una charla : un débat.
(2)Una caja de ahorros : une caisse d'épargne.
(3)Hacer cola : faire la queue.
(4)Apretado contra el pecho : serré contre son cœur.

Corrigé

I. Compréhension du texte
1. 
a) Ramón solía pedirle libros a la narradora. Es falso puesto que era él quien le regalaba libros para que los leyera «A partir de ese día se acostumbró a traerme libros. […] Los ejemplares que me traía eran siempre nuevos».
b) Ramón y la narradora solían hablar de los libros que leían. Es verdadero. He aquí la frase del texto que lo muestra «Luego Ramón me preguntaba qué me había parecido esta o aquella novela».
c) Los libros eran lo único que unía a Ramón con la narradora. Es falso puesto que ambos salían ya juntos pero los libros permitieron que los dos se quedaran juntos un poco más tiempo. Aquí está la frase que lo ilustra «Para entonces nuestra relación empezaba a languidecer, y fueron esas conversaciones las que me mantuvieron unida a él un par de meses más».
2. Las charlas tenían lugar en «las cajas de ahorros y colegios mayores». La narradora iba a presenciarles con Antonia «que era la que» le «informaba sobre las características del orador».
3. Cuando veía a los escritores, la narradora se fijaba en su aspecto y en su actitud. Las frases siguientes lo revelan «cuando el conferenciante recorría el pasillo precedido por el presentador, subía con mayor o menor desenvoltura los escalones de estrado y ocupaba su asiento ante el botellín de agua y el micrófono. En realidad, de aquellos hombres y mujeres me interesaban menos las palabras que el aspecto, menos las ideas que la forma de comportarse».
4. La narradora idealizaba a los escritores. He aquí los ejemplos sacados del texto que lo muestran: «Pensaba que los escritores eran unos seres instalados en un nivel superior de la existencia, personas que tenían respuestas para todo».
5. Cuatro palabras en el texto revelan que a la narradora no le gustaban los escritores que intervenían en las charlas: «pequeños, miserables», «impostores, charlatanes».
6. Valiéndome del texto, los elementos siguientes indican cómo reaccionaban la narradora y su amiga al final de las charlas «A éste tampoco me apetece leerle», «Antonia era de las que luego, cuando acababa la charla, se acercaban con su ejemplar y hacían cola para conseguir una dedicatoria». Son diferentes. La narradora no estaba convencida de las charlas de los escritores mientras que su amiga iba a verles para que escribieran algo en uno de los libros.
7. «Le pido demasiado a la literatura». Otro fragmento del texto permite justificar esta afirmación: «[…] personas que tenían respuestas para todo y a las que me habría gustado poder acceder para contrastar mis inquietudes y pedir consejo».
II. Expression personnelle
1. A lo largo del texto, la relación que tiene la narradora con la literatura nos llama la atención. En efecto, al principio insiste sobre «la llamada de la literatura», expresión utilizada por su amigo Ramón. Ella no estaba acostumbrada a leer tantos libros como él. Pero le gustó compartir momentos privilegiados con él comentando los libros que ambos habían leído. En el segundo párrafo, nos enteramos de que asistía a debates con una amiga suya lo que evidencia una afición más importante para la literatura. Pero los escritores que participaban a las charlas no la convencían y salía de allí decepcionada. Podemos subrayar rasgos de humor en la descripción que hace de los escritores «sus barbitas recortadas y sus gafas de concha», «intentaban vender frascos de crecepelo y navajas suizas de varios usos». La crítica es dura pero para ella era menester que los escritores respetaran el trabajo de sus mayores y no aguantaba que hicieran lo contrario «de vez en cuando descalificaban a algún que otro autor clásico para darse importancia y situarse por encima». Respeta las obras de grandes autores como Hemingway y Pasternak porque eran inteligentes. Ella apreciaba el valor de su escritura y para ella sus libros son dignos de interés «una superioridad que procedía de la experiencia del dolor y de la habilidad para convertir esa experiencia en arte».
Para concluir, diré que la narradora es muy consciente de que ciertos libros no son tan interesantes y dejan un poco desilusionados al leerlos. No es una persona tan satisfecha por la literatura puesto que concluye diciendo «en las novelas busco respuestas y lo que tendría que buscar son preguntas». Es como si tuviera cierta frustración leyendo libros.
2. El año pasado me crucé con un personaje famoso a quien admiro y me quedé muy emocionada. Cuando volví a casa redacté una página en mi diario íntimo porque no quería olvidar mis impresiones y mis sentimientos. Cuando la vi, no me lo podía creer y me quedé boquiabierta. Mi corazón latía con rapidez. Después de unos minutos me atreví a acercarme a ella. Me vio y me sonrió con sinceridad. Nos saludamos. Le pregunté que me contara su experiencia cinematográfica, me invitó a tomar una copa para contármelo todo con tranquilidad. Me quedé alucinada frente a tanta naturalidad. Pasé un momento mágico. No se paraba de hablar mientras que yo escuchaba con atención. En un momento dado, quiso saber lo que me pasaba. No me di cuenta de que estaba llorando. Lo entendió enseguida y me abrazó con cariño. Pedí que perdonara una reacción tan ridícula y nos echamos a reír. Luego, le conté a qué dedicaba mi tiempo. Este momento será un recuerdo inolvidable. Tomamos algunas fotos y voy a guardarlas como si fueran un tesoro. Cuando nos despedimos me regaló una pulsera que llevaba y me dio su dirección. No sé si ella se acordará de mí pero yo nunca olvidaré estas dos horas pasadas juntas.
III. Traduction
Je me retournais vers Antonia et je lui disais à l'oreille : « Celui-là non plus ça ne me dit rien de le lire ». Et elle me le reprochait dans un murmure : « Mais enfin, tu es incroyable ! » Antonia était de celles qui ensuite, lorsque se terminait le débat, s'approchaient avec son exemplaire et faisaient la queue pour obtenir une dédicace. Moi, je l'attendais à la sortie. Elle me rejoignait au bout de quelques minutes. Elle portait le livre comme les collégiennes portent leur sac, serré contre leur poitrine.