Texte d'Antonio Munoz Molina

Énoncé

Los días de la radio
« No era sólo en los libros donde adquiría uno el gusto y el vicio de la ficción. Los libros eran pocos y caros, y uno apenas sabía entonces que en ellos podían contenerse las mejores historias. La ficción estaba en los cuentos y en las conversaciones de los mayores, en los tebeos, en las películas y en la radio. Al cine no siempre se podía ir, salvo durante el verano, cuando casi no había noche en que no nos llevaran a ver una película en el cine al aire libre. Sobre nuestras cabezas flotaba el cono tornasolado(1) y polvoriento de la luz que surgía tras la ventanilla misteriosa de la cabina de proyección, y que al llegar a la pantalla se convertía prodigiosamente en rostros humanos, en cabalgadas, en tempestades marinas, en el blanco y negro siempre algo funeral de aquellos noticiarios(2) en los que nunca faltaba la presencia de un viejecillo de uniforme o con abrigo y sombrero de aire tirolés cuya fotografía estaba colgada en el aula de la escuela junto al crucifijo, encima de la pizarra. Pero también las películas eran enseguida relatos orales: si nuestra madre había ido a ver una que no estuviera autorizada le pedíamos luego que nos la contara, y lo hacía con tal convicción y gusto por los detalles que casi era mejor que haberla visto. Pero lo mejor de todo era la radio, que estaba siempre disponible para contarnos cosas sin necesidad de reunir el dinero para una entrada de cine o para un tebeo, porque bastaba girar delicadamente un botón y se escuchaba un clic al mismo tiempo que se encendía una luz verdosa en su interior enigmático y que empezaban a oírse las voces familiares o desconocidas, las voces de los locutores y de los actores que tenían para nosotros una presencia firme y nítida, aunque no los habíamos visto nunca, porque la radio nos adiestraba(3) en una manera de imaginar las cosas que tal vez tenía algo que ver con la percepción de los ciegos. Empezaba uno a aficionarse a la música escuchando las canciones populares y las sintonías(4) de los anuncios, y en ellas también había historias gustosas para el apetito infantil. Como en el teatro isabelino, palabras desnudas y sonidos elementales, engendraban poderosamente la totalidad del mundo. Desde el interior de aquel aparato tan doméstico y a la vez tan inexplicable podía llegarnos todo: el galope de un caballo a través de una llanura nevada y el chirrido de un ataúd(5) al abrirse, el cornetín y los redobles que anunciaban la suerte de matar en una plaza de toros y el rugido de las muchedumbres en el fútbol o en aquellas explanadas donde se aclamaba a la figura articulada y diminuta, asomada a un balcón lejano, del mismo viejecillo que estaba siempre en los noticiarios. Antes de saber que las novelas se contaban en los libros yo aprendí a llamar novelas a los seriales de la radio. Salía de la escuela por la tarde, y volvía corriendo a casa para no perderme el principio de la novela. Me hice adulto y aquellas novelas se fueron perdiendo, vencidas por el empuje arrasador(6) de la televisión: pero la radio siguió contándome historias y ofreciéndome músicas. Ahora la radio cumple entre nosotros 75 años, y parece que con la edad ha ido perdiendo el antiguo impulso de contar historias. La radio, que puede transmitir el rumor poderoso de todas las voces del mundo, ahora parece que dedica gran parte de su tiempo a transmitir las opiniones de un cierto número de personas expertas en emitir su opinión, generalmente acerca de algunos detalles menores de la política. Me aburro, pero no desisto. La radio me trae a veces el regalo imprevisto de una música que me ilumina los minutes presentes y la memoria lejana de una claridad idéntica. Y algunas noches, en la oscuridad, gracias a la radio alguien me cuenta casi al oído una historia que tiene todo el hechizo(7) de las novelas orales de la infancia. »
Antonia Muñoz Molina, Los días de la radio, 2002

1. Compréhension du texte
1. Cita los medios por los que, de pequeño, adquiría el narrador el gusto a la ficción.
2. Citando expresiones del texto (3 como mínimo) di la percepción del cine que tenía el niño.
3. Apunta tres ventajas de la radio sobre el cine.
4. Gracias a la radio, ¿qué descubrían los niños y qué capacidades desarrollaban?
5. Ahora, respecto a la radio, el narrador dice: «Me aburro pero no desisto». Apunta elementos en el texto que ilustran sus sentimientos contradictorios.
II. Expression personnelle
1. A tu parecer, ¿qué se perdió y qué se ganó con la llegada de la televisión? (15 líneas)
2. Estamos en 2030 y le cuentas a tu hijo cómo ha ido evolucionando la televisión. (15 líneas)
III. Traduction
Traduire de «Salía de la escuela…» à «…ofreciéndome músicas.»
(1)Tornasolado : chatoyant.
(2)El noticiario : les « actualités » (informations) qui précédaient le film.
(3)Adiestrar : educar.
(4)La sintonía : la banda sonora.
(5)El chirrido de un ataúd : le grincement d'un cercueil.
(6)El empuje arrasador : el éxito fenomenal.
(7)El hechizo : la magia.

Corrigé

I. Compréhension du texte
1. Los medios por los que, de pequeño, el narrador adquiría el gusto a la ficción eran numerosos: los libros, los cuentos y las conversaciones de los adultos, los tebeos, las películas, la radio.
2. El narrador tenía cierta percepción del cine. Para él, el cine era algo inabitual puesto que iba «durante el verano» y «en el aire libre». Reinaba un ambiente particular, los adjetivos utilizados lo muestran «el cono tornasolado y polvoriento de la luz». Percibía el cine como algo mágico e increíble «la pantalla se convertía prodigiosamente en rostros humanos». Bien se nota que a él le gustaba el cine porque le permitía ver cosas muy diversas «cabalgadas, tempestades marinas […] un viejecillo de uniforme o con abrigo y sombrero de aire tirolés». Lo que le encantaba eran los relatos de su madre cuando iba a ver una película prohibida a los niños «casi era mejor que haberla visto» : recurría a su imaginación y se creaba sus propias imágenes: «la radio nos adiestraba en una manera de imaginar las cosas que tal vez tenía algo que ver con la percepción de los ciegos».
3. La radio tenía ventajas sobre el cine. Primero, siempre podía escuchar la radio «estaba siempre disponible» mientras que para sacar una entrada de cine tenía que ahorrar «reunir el dinero». Luego, bastaba con «girar delicadamente un botón» y podía oír «las voces familiares o desconocidas». Por fin, el narrador estaba convencido de que a través de la radio podía enterarse de todo «Desde el interior de aquel aparato tan doméstico y a la vez tan inexplicable podía llegarnos todo».
4. Gracias a la radio, los niños descubrían la música «Empezaba uno a aficionarse a la música escuchando las canciones populares». También se familiarizaban a las historias, a los cuentos «había historias gustosas para el apetito infantil». Gracias a la radio, los niños desarrollaban el sentido de la curiosidad, desarrollaban el conocimiento del mundo «Como en el teatro isabelino, palabras desnudas, y sonidos elementales, engendraban poderosamente la totalidad del mundo».
5. Ahora, respecto a la radio, el narrador dice: «Me aburro, pero no desisto». Se aburre porque ya no existe el afán de contar historias como antes «parece que con la edad ha ido perdiendo el antiguo impulso de contar historias». Pero por lo tanto no dejó de oír la radio. He aquí los elementos en el texto que ilustran estos sentimientos contradictorios: «La radio me trae a veces el regalo imprevisto de una música que me ilumina los minutos presentes y la memoria lejana de una claridad idéntica. Y algunas noches, en la oscuridad, gracias a la radio alguien me cuenta casi al oído una historia que tiene todo el hechizo de las novelas orales de la infancia». Bien se entiende a través de estas palabras que el narrador era nostálgico del tiempo pasado y dejaba entender que ya no era igual porque las cosas iban cambiado. La radio se pasaba tiempo transmitiendo informaciones a veces de poca importancia «dedica gran parte de su tiempo a transmitir las opiniones de un cierto número de personas expertas en emitir su opinión, generalmente acerca de algunos detalles menores de la política».
II. Expression personnelle
1. Con la llegada de la televisión se ganó un nuevo medio de comunicación gracias a las imágenes. No sólo transmite la imagen sino también el sonido. Se ganó la socialización de la gente que se reune alrededor del aparato para mirar un programa y luego habla del tema desarrollado bajo la forma de un debate. Con la televisión vino también la modernización de las costumbres de una familia. A través de este medio, guardamos la memoria de los hechos pasados: historia, moda, música, las vanguardias artísticas. Hoy en día, numerosas noticias y acontecimientos se preparan para ser televisados: los telediarios no se contentan con anunciar las noticias sino que hay reportajes con imágenes que llaman la atención del televidente. Hoy en día, la televisión es un medio de comunicación rápido y permite una apertura hacia el mundo entero.
En cambio, con la televisión ya no damos oídos a las noticias como antes. Ya no somos ni tan curiosos ni tan atentos como antes en cuanto a los sonidos, a las voces. Pero sí se pueden ver los sentimientos de una persona: tristeza, alegría, desamparo. Se perdió la facilidad de la audiencia en cualquier momento y en cualquier sitio. Con la televisión, se pierde las ganas de salir, de hacer deporte porque algunos prefieren mirar los programas en vez de correr, andar, ir a visitar un museo o una exposición.
Para concluir, la televisión tiene sus ventajas y sus desventajas pero no deja a la gente indiferente. Algunos parecen hechizados frente a la pequeña pantalla mientras que otros la miran con suficiente distancia para juzgar lo que transmite a través de los diferentes programas.
2. Estamos en 2030. Tengo 74 años y voy a contar cómo ha ido evolucionando la televisión a mi hijo.
–Yo no puedo imaginar mi vida sin la televisión, me dijo mi hijo la semana pasada.
–¿Por qué?
– Pues porque forma parte de mi vida y de mi entorno. Se queda encendida y guardo el contacto con mis amigos.
–¿Tus amigos?
–Cada uno ha puesto una cámara en su cuarto y así podemos vernos y conversar a través de la pequeña pantalla.
–Como se hacía antes con MSN. Si tu abuelo oyera lo que me cuentas. Él vivió la llegada de este aparato tan importante hoy en día. En aquella época, algunos rechazaban la tele porque preferían escuchar la radio. Era un nuevo medio y era muy caro. Algunos no podían comprárselo e iban en casa de los vecinos para ver un programa. Encima, sólo existía un canal y lo controlaba la dictadura de Franco.
–Hoy ya no es posible.
–Estás equivocado hijo. La television está en todas partes, las cámaras están en todas las calles y nos vigilan. Ya no tenemos vida privada y creo que nuestra libertad está comprometida y aún amenazada.
–¡Qué exagerada! Lo que me describes es el progreso.
–¿Tú crees que entrar en las casas de la gente, rodar durante todo el día y toda la noche los gestos y los hechos de una persona es el progreso? ¿Así ves el desarrollo de la televisión?
–Estoy acostumbrado y me encanta. Somos, mis amigos y yo, aficionados a estos programas y preferimos mirarlos en vez de salir o hacer deporte.
–Ya lo sé. ¿Quieres que te cuente cómo ha ido evolucionando la tele?
–Claro que sí.
–Hace unos treinta años, propusieron una televisión numérica y se desarrollaron los canales. Ahora son muy numerosos y no sabemos cuál elegir. Antes necesitabas un mando y hoy en día, basta con un clic en la pantalla y cambias el canal. Lo importante ahora es saber lo que hace el vecino mientras que en mi época, las imágenes expresaban lo que pasaba en el mundo y te enterabas de la actualidad.
–Pero pasa lo mismo actualmente Mamá.
–Se pasan el tiempo engañándonos traficando las imágenes que transmiten y hay poca información verdadera.
–Mamá, no estoy de acuerdo contigo. Perdona tengo que irme en mi habitación porque no me quiero perder el último capítulo de mi serie favorita.
Y se fue en su dormitorio totalmente ajeno a lo que le acababa de contar. Y yo me quedé sentada en el sillón pensativa y nostálgica.
III. Traduction
Je sortais de l'école l'après-midi et je rentrais à la maison en courant pour ne pas perdre le début du roman. Je devins adulte et ces romans disparurent peu à peu, vaincus par le succès phénoménal de la télévision ; mais la radio continua à me raconter des histoires et à m'offrir des musiques.