Texte d'Antonio Muñoz Molina

Énoncé

Un invento sin futuro
« A nosotros, los vecinos de enfrente, la mujer de Baltasar nos invitaba de vez en cuando a su casa a ver la televisión. Estaba en una sala pequeña, con una ventana que daba a la calle. Mi hermana y yo nos sentábamos en el suelo, delante del aparato, hechizados(1), pero los mayores nos decían que nos echáramos hacia atrás, que el brillo de la pantalla nos haría daño a los ojos, que nos quemaríamos vivos si de pronto estallaba. Mi padre, siempre reservado, prefería no unirse a nosotros. Se quedaba en casa escuchando la radio, o se iba a acostar muy pronto, porque madrugaba siempre mucho para ir al mercado. Decía que aquel invento no tenía ningún porvenir: quién iba a conformarse con aquella pantalla tan pequeña, con las imágenes confusas en blanco y negro, cuando era tan hermosa la lona(2) tensa y blanca de los cines de verano, tan vibrantes los colores en ella, el cielo inmenso de las películas del Oeste, el color de esmeralda de las aventuras de piratas, los rojos de las capas y los oros de los cascos de los centuriones en las películas de romanos en tecnicolor. Pero mi madre, mi hermana, mis abuelos y yo, cruzábamos los pocos pasos que nos separaban de la casa de Baltasar como si fuéramos a asistir a una fiesta o a un espectáculo de magia, tomábamos asiento y esperábamos a que el televisor, después de encendido, «se fuera calentando». Cuando las imágenes ya se veían bien definidas Baltasar ordenaba con su voz grave y pastosa, «apagad la luz». Veíamos películas, veíamos concursos, veíamos noticiarios, veíamos anuncios, veíamos transmisiones de la santa misa, veíamos partidos de fútbol y corridas de toros, veíamos series de detectives que hablaban siempre con un extraño acento que era vagamente sudamericano, pero que para nosotros era, sin más, la manera de hablar de los personajes de las películas y de las series. Pero viéramos lo que viéramos los adultos no se callaban nunca. Respondían a las buenas tardes de las locutoras y a las buenas noches al final de los programas y sólo si salía Franco con su aire de viejillo desvalido, su traje mal cortado y voz de flauta se quedaban callados, muy serios, como en misa, como temiendo que si se movían desconsideradamente o no prestaban la debida atención o hacían un comentario a destiempo el Generalísimo los vería desde el otro lado de la pantalla. Miraban la televisión y se sentían mirados, hechizados por ella. Y cuando salía una locutora guapa, de pelo rubio y liso, o una cantante con la falda muy corta, Baltasar le decía requiebros soeces(3) con su voz grave y pastosa. Su mujer y su sobrina le reñían, pero a él le daba la risa. –Pero Baltasar, qué va a pensar la muchacha de las cosas que dices. –Si no me oye, so tonta. –Y tú que sabes si nos oye o no nos oye. –Cómo va a oírnos, si no está aquí. –Tampoco estamos nosotros donde está ella y bien que nos mira y nos habla y oímos lo que dice. –Porque tiene un micrófono. ¿Tenemos nosotros un micrófono? –¿Y qué es un micrófono tío? –Para qué hablaréis, si no sabéis nada. Nos quedábamos hasta el final del último programa. De pronto la pantalla se quedaba en negro, y luego aparecía como un temblor de copos de nieve o de puntos luminosos que también nos hechizaba. Nos quedaba una sensación rara, de fraude o congoja,(4) como si no pudiéramos aceptar que el mundo en el que durante horas habíamos tenido fijados los ojos y ocupada hipnóticamente la atención ya no tuviera nada más que ofrecernos. »
Antonio Muñoz Molina, El viento de la luna, 2006

I. Compréhension du texte
1. El protagonista veía la tele:
  • en su casa.
  • en el bar del barrio.
  • en casa de sus vecinos.
Copia la frase que lo justifica.
2. Di si es verdadero o falso. Justifica cada respuesta citando el texto.
El padre del narrador:
  • iba siempre con la familia a ver la televisión.
  • opinaba que la televisión tenía un gran futuro.
  • prefería ver las películas fuera.
3. Para el protagonista y el resto de la familia ver la tele era:
  • una obligación.
  • una pesadez.
  • un momento mágico.
  • un aburrimiento.
Elige la respuesta correcta.
4. ¿En qué ocasión se callaban los adultos? Busca en el texto la frase que lo indica.
5. Busca tres elementos que muestran la ignorancia de la gente sobre el funcionamiento del aparato.
6. Al apagar la televisión se sentían:
  • frustrados.
  • cansados.
  • encantados.
Elige la respuesta correcta y justifícala con un elemento sacado del texto.
7. Copia las afirmaciones correctas:
  • Los niños decían requiebros soeces.
  • La locutora llevaba minifalda.
  • Los adultos temían que Franco les viera a través de la pantalla.
  • Los adultos se callaban delante de las corridas.
  • En las series los personajes hablaban con un acento sudamericano.
II. Expression personnelle
1. En unas doce líneas, analiza y comenta las distintas reacciones de la familia ante la televisión.
2. Al día siguiente, el narrador intenta convencer a su padre de que la televisión es un invento extraordinario. Imagina un diálogo de unas quince líneas.
III. Traduction
Traduire depuis «Pero mi madre…», jusqu'à «apagad la luz».
(1)Hechizados : ensorcelés.
(2)La lona : ici, l'écran de cinéma.
(3)Unos requiebros soeces : des compliments déplacés.
(4)La congoja : la tristesse.

Corrigé

I. Compréhension du texte
1. El protagonista veía la tele en casa de sus vecinos. La frase siguiente sacada del texto lo justifica «A nosotros, los vecinos de enfrente, la mujer de Baltasar nos invitaba de vez en cuando a su casa a ver la televisión».
2. El padre del narrador no iba siempre con la familia a ver la televisión «Mi padre, siempre reservado prefería no unirse a nosotros». Tampoco opinaba que la televisión tenía un gran futuro «Decía que aquel invento no tenía ningún porvenir.». Prefería ver las películas fuera porque, para él, era mucho mejor «quién iba a conformarse con aquella pantalla tan pequeña, con las imágenes confusas en blanco y negro, cuando era tan hermosa la lona tensa y blanca de los cines de verano, tan vibrantes los colores en ella, el cielo inmenso de las películas del Oeste, el color de esmeralda de las aventuras de piratas, los rojos de las capas y los oros de los cascos de los centuriones en las películas de romanos en tecnicolor».
3. Para el protagonista y el resto de la familia ver la tele era un momento mágico «mi madre, mi hermana, mis abuelos y yo, cruzábamos los pocos pasos que nos separaban de la casa de Baltasar como si fuéramos a asistir a una fiesta o a un espectáculo de magia, tomábamos asiento y esperábamos a que el televisor, después de encendido, se fuera calentando».
4. Los adultos se callaban cuando aparecía el Generalísimo en la tele «sólo si salía Franco con su aire de viejillo desvalido, su traje mal cortado y voz de flauta se quedaban callados, muy serios, como en misa, como temiendo que si se movían desconsideramente o no prestaban la debida atención o hacían un comentario a destiempo el Generalísimo los vería desde el otro lado de la pantalla».
5. He aquí tres elementos que muestran la ignorancia de la gente sobre el funcionamiento del aparato: «los mayores nos decían que nos echáramos hacia atrás, que el brillo de la pantalla nos haría daño a los ojos, que nos quemaríamos vivos si de pronto estallaba», esta frase es un tópico de lo que decían los padres o los abuelos cuando los niños miraban la tele. «–Pero Baltasar, ¿qué va a pensar la muchacha de las cosas que dices? –Si no me oye so tonta. –Y tú ¿qué sabes si nos oye o no nos oye?», «–Tampoco estamos donde está ella y bien que nos mira y nos habla y oímos lo que dice. –Porque tiene un micrófono. ¿Tenemos nosotros un micrófono? –¿Y qué es un micrófono tío?», estas frases revelan de manera evidente la ingenuidad de la mujer y de la sobrina frente al funcionamiento de la televisión.
6. Al apagar la tele se sentían frustrados «Nos quedaba una sensación rara, de fraude o congoja, como si no pudiéramos aceptar que el mundo en el que durante horas habíamos tenido fijados los ojos y ocupada hipnóticamente la atención ya no tuviera nada más que ofrecernos».
7. He aquí las afirmaciones correctas: los adultos temían que Franco les viera a través de la pantalla, en las series los personajes hablaban con un acento sudamericano «extraño acento que era vagamente sudamericano».
II. Expression personnelle
1. Este texto evidencia las distintas reacciones de la familia ante la televisión. Ilustra la alegría de los protagonistas cuando se van a ver varios programas en casa de los vecinos. Estaban «hechizados». Iban descubriendo algo nuevo, algo mágico a través del cual podían enterarse de lo que estaba pasando en su propio país o a través del mundo. Era divertido también porque los programas eran diversos «películas, concursos, noticiarios, anuncios, transmisiones de la santa misa, partidos de fútbol, corridas de toros, series de detectives». Se pasaban el tiempo haciendo comentarios sobre lo que estaban mirando «Baltasar le decía requiebros soeces», «Cómo va a oírnos, si no está aquí». Charlaban mucho también «Pero viéramos lo que viéramos los adultos no se callaban nunca». Sin ninguna duda, todos parecían animados y era como si vivieran una aventura en familia acompañado por los amigos. Era como si asistieran a los grandes eventos de la época. Eran tan apasionados que nunca vacilaban en cruzar la calle para mirar la televisión. El final del texto muestra el sentimiento de tristeza «una sensación rara, de fraude o congoja» que experimentaban los protagonistas. Ya se iban acostumbrando a estos momentos de felicidad compartidos en familia o entre amigos. Este invento les relajaba a todos y les permitía evadirse de lo cotidiano.
2. Al día siguiente, el narrador intenta convencer a su padre de que la televisión es un invento extraordinario. He aquí el diálogo entre ambos.
–¿Papá, por qué no quieres ver la televisión?
–Pues porque no me interesa.
–¿Inténtalo una vez y te vienes con nosotros una vez a casa de Baltasar? ¡Es algo increíble! Te harás tu propia opinión.
–No hay ningún interés en sentarse delante de una caja durante horas.
–¡Pero ésto no es sólo una caja! ¡Te estoy diciendo que es una invención extraordinaria!
–¡Es una cosa inútil! Prefiero la radio, los cines de verano.
–¡Pero papá, la televisión es la imagen! Cuando escuchas un partido de fútbol, debes imaginar lo que está sucediendo. ¡Con la televisión, ves la acción, como si estuvieras en el estadio! Y aún mejor porque nadie se levanta durante un momento crucial para esconderte la vista.
–Te lo repito, me gusta escuchar la radio.
–Porque estás acostumbrado así. ¡La televisión nos muestra el mundo papá!
–Existen libros para instruirnos. ¡No lo olvides!
–Con la televisión es más real. El impacto de la imagen es importante. He visto aviones raros, vi una erupción volcánica, vi osos polares, tigres. ¡Y he descubierto el primer hombre que andó sobre la Luna!
–No necesito ver la televisión para enterarme de estas noticias y de estos acontecimientos importantes.
–Pero es mejor verlo porque la imagen da una visión más concreta de los actos.
–Vivimos muy bien sin televisión. No la necesitamos.
–Pero papá, es gracioso, divertido. ¿Por qué no sacas provecho de este invento? Verás papá, dentro de poco te encantará la televisión. Verás como es agradable mirarla y disfrutar juntos de algunos momentos totalmente mágicos. Te gustará participar a los grandes debates entre mayores sobre tal o tal asunto desarrollado durante un programa y que trata de los problemas cotidianos. ¡Ya verás lo que te digo papá!
–Déjame ya con este tema. Me estás aburriendo.
–¡Bueno vale! Tú te lo pierdes. Me voy en casa de Baltasar. Hasta luego.
–Hasta luego.
III. Traduction
Mais ma mère, ma sœur, mes grands-parents et moi, nous traversions le peu de pas qui nous séparaient de la maison de Baltasar comme si nous allions assister à une fête ou à un spectacle de magie, nous prenions place et nous attendions que le téléviseur, une fois allumé, chauffe petit à petit. Quand, enfin, les images apparaissaient de façon bien nette, Baltasar ordonnait de sa voix grave et pâteuse, « éteignez les lumières ».