Texte d'Almudena Grandes

Énoncé

El regalo de cumpleaños
En la fiesta de su cumpleaños, Carmela acaba de recibir un regalo y se lo enseña a sus padres, Carmen y Chema.
« – ¡Mira, mamá! Santi me ha regalado una tortuga… «Esto es lo que me faltaba» pensó Carmen, pero al llegar a casa, su marido fue más lejos. – ¡Ni hablar! –y tal como volvía del taller, lleno de grusa, Chema parecía una encarnación del demonio. Ya la estás regalando. O la tiras en una charca(1), lo que sea… Os lo he dicho un montón de veces. No quiero animales en casa. – ¡Pero si no es un animal, papá! –Carmela le miraba, le imploraba con dos lágrimas gordas y temblorosas al borde de los ojos. Es Carlota. Y como era Carlota, se quedó. Y los primeros días Carmela fue una niña pegada a un tortuguero, porque no paró de moverlo de sitio hasta que encontró un rincón ventilado y cálido, donde la tortuga podía tomar el sol sin que el agua se evaporara. Entonces, Carlota era aún un montoncito verdoso, que nadaba como una loca desorientada y ni siquiera sabía subir por la rampa. – Es mona, pero muy aburrida –sentenció José, el hermano mayor. Para esto, sería mejor tener un perro. Pero era Carlota, y estaba ahí, y ya que estaba, había que cambiarle el agua y darle de comer. Por eso, Carmen asumió esa responsabilidad entre otras tan mecánicas y cotidianas como hacer el desayuno, y mientras el café subía y el tostador saltaba, se acostumbró a cogerla, a dejarla corretear un rato por el suelo, a ponerle agua limpia y comida suficiente. Y Carlota creció. Aprendió a sujetar la comida con una pata para tragarla(2) despacio, y a levantar la cabeza con los ojos muy abiertos cuando alguien la miraba. Así llegó el verano, y compraron una jaula para llevársela de vacaciones, y a la tortuga le sentó bien el viaje, y Chema se aficionó a ocuparse de ella por las noches. – ¡Mirad! –exclamó a mitad de agosto. Ha aprendido a comer de mi mano, es increíble. Por eso, lo que acaba de pasar le ha afectado más a él que a nadie. Cuando entró en la cocina y vio a Carlota fuera del agua, con las patas muy estiradas y la cabeza baja, como muerta en medio de un líquido maloliente, no supo decidirse entre la furia y la tristeza. Carmen dictaminó(3) que alguien había vertido en el tortuguero café y ketchup, y después sintió un hueco enorme en el estómago. José se echó a llorar, porque el culpable debía contarse entre sus amigos del cole que aquella misma tarde habían entrado en la casa, para merendar después de jugar al fútbol. Pero no hubo llanto como el de Carmela, que se sentó en la mesa de la cocina y escondió la cabeza entre los brazos para llorar a solas, y no consintió en levantarse de allí ni siquiera para cenar. Esta noche, todos han dormido mal. Los adultos, asustados, estremecidos por la crueldad insensible de un niño de diez años incapaz de respetar la felicidad simple y pacífica de un animal pequeño, tranquilo, inofensivo. Si hubiera sido un perro, piensa José, con el radical sentido de la justicia propio de su edad, o un gato que les hubiera dado un buen arañazo(4), pero la pobre Carlota, que no puede defenderse… Carmela ni siquiera puede pensar. Sólo tiene siete años, y el mal, la maldad absoluta, gratuita, que no tiene otro fin, otro objeto que hacer daños, acaba de irrumpir en su experiencia del mundo. »
Almudena Grandes, « El País Semanal », « Carmela y el mal », 18 septembre 2005

I. Compréhension du texte
1. ¿Cómo reaccionaron los padres al ver el regalo de cumpleaños de Carmela ?
2. ¿Qué elementos muestran la importancia que fue tomando la tortuga en la casa ?
3. ¿Qué le ocurrió a la tortuga y cómo lo explicó la familia ?
4. Apunte usted las distintas reacciones de la familia frente a lo que le pasó a la tortuga.
II. Expression personnelle
Les candidats traiteront obligatoirement les deux questions.
1. Apoyándose en el texto, comente y aprecie personalmente el comportarmiento contradictorio de los niños con los animales.
2. Al día siguiente, la familia se da cuenta de que Carlota está viva.
Redacte su conversación en unas 12 réplicas.
III. Traduction
Traduire depuis : «José se echó a llorar…» jusqu'à «…ni siquiera para cenar.».
(1)Tirar en una charca : jeter dans une mare.
(2)Tragar : avaler.
(3)Dictaminó : dijo.
(4)Un arañazo : un coup de griffe.

Corrigé

I. Compréhension du texte
1. Al ver el regalo de cumpleaños de Carmela, Carmen, su madre no estaba muy entusiasta. Cuando se dio cuenta de que era un animal, Chema, el padre se lo tomó muy mal y se cabreó. Se transformó en «una encarnación del demonio». Volvía de su trabajo y antes de que se lavara para quitarse la grasa que tenía encima, ordenó a su hija que se desembarazara de la tortuga «Ya la estás regalando. O la tiras en una charca, lo que sea».
Estaba muy enfadado porque a él no le gustaban los animales. Pero bastó con una exclamación zalamera de Carmela «le imploraba con dos lágrimas gordas y temblorosas al borde de los ojos» para que sus padres aceptaran el animal en casa. La chica era astuta ya que supo convencer a sus padres que no estaban de acuerdo con ella y por fin aceptaron la idea de guardar la tortuga ya bautizada Carlota.
2. La tortuga fue tomando importancia en la casa. Varios elementos del texto lo evidencian. Primero, la chica se pasó mucho tiempo buscando el sitio que pudiera ser más cómodo para el animal «no paró de moverlo hasta que encontró un rincón ventilado y cálido». En cambio, el hermano de Carmela pensaba que un perro era más divertido que una tortuga «muy aburrida». Luego, notamos que era la madre quien atendía a Carlota, era ella quien cambiaba el agua y la alimentaba «ponerle agua limpia y comida suficiente». Estaba acostumbrándose al animal y se encariñó con Carlota. Solía limpiar el tortuguero, solía dejarla correr por todos los lados mientras se dedicaba a sus ocupaciones diarias «mientras el café subía y el tostador saltaba, se acostumbró a cogerla, a dejarla corretear un rato por el suelo».
El padre también dedicó tiempo al animal. La habían domesticado. El narrador cuenta el espectáculo que representaba la tortuga «sujetar la comida con una pata […] levantar la cabeza con los ojos muy abiertos cuando alguien la miraba». Se quedaban maravillados por la gracia y la habilidad de la tortuga «ha aprendido a comer de mi mano.». Alucinaban «es increíble». Para la familia ya era inconcebible irse de vacaciones sin Carlota y compraron «una jaula para llevársela».
3. Un día, Chema, el padre, encontró la tortuga muerta. Cuando la vio, no supo cómo reaccionar «entre la furia y la tristeza». No entendía lo que había podido pasar. Carmen, la madre pensaba que alguien lo había hecho a propósito echando un cóctel de «café y ketchup» para que la tortuga se muriera. José pensaba que era uno de sus amigos el culpable de la tragedia. Aquella noche, ninguno de los cuatro durmió bien. No comprendían cómo un niño podía ser perjudicial y dañino contra un animal. En efecto, conocieron la verdad.
Era difícil reconocer que este acto fuera cometido por un muchacho tan joven. Era extraño porque a esa edad, a los niños les gustan los animales. Les disgustaba comprobar que el chico no supiera preservar el regalo tan precioso de Carmela.
4. La familia tuvo distintas reacciones frente a lo que pasó a la tortuga. Se llevaron todos un gran disgusto: Carmen «sintió un hueco enorme en el estómago», José «se echó a llorar» y Carmela «escondió la cabeza entre los brazos para llorar a solas».
Es como si hubieran perdido un miembro de la familia. Se sintieron escandalizados después de descubrir que el culpable era un niño joven porque dañó a todos. Carmen y Chema no entendieron el gesto brutal «crueldad», irrespetuoso «incapaz de respetar». Condenaron su actitud destructora, intencionada frente a un animal sin defensa que estaba tranquilo en su tortuguero. Era de lamentar también que el chico lo hubiera hecho sin escrúpulos «insensible».
Los padres estaban trastornados «estremecidos». José pensaba que otro animal más fuerte, más listo como un perro o un gato hubiera podido sobrevivir dando «un buen arañazo». Denunciaba esa actitud porque para él, la tortuga no tenía ninguna posibilidad de defenderse. En cuanto a Carmela, estaba tan triste que ni siquiera era capaz de reflexionar.
Era demasiado joven para entender que ese tipo de reacción maligna podía existir y le dolía muchísimo «el mal, la maldad absoluta, gratuita que no tiene otro fin, otro objeto que hacer daño, acaba de irrumpir en su experiencia del mundo».
Es como si viniera de franquear una etapa y que ya no era tan inocente o ingenua frente a las dificultades o obstáculos de la vida a los que todos tenemos que enfrentarnos.
II. Expression personnelle
1. El comportamiento de los niños con los animales es contradictorio. A mí, me parece irrespetuoso y pueril la actitud de los niños que maltratan con bestialidad los animales.
En efecto, es inconcebible que algunos jóvenes sean incapaces de comportarse de manera correcta con todo tipo de animal. Es intolerable que algunos puedan molestarles hasta que se mueran.
El narrador del texto subraya muy bien la oposición entre el agresor (el niño) y la víctima (la tortuga). Ésta no pudo defenderse ya que era «pacífica», «pequeña», «tranquila», «inofensiva» mientras su agresor era cruel. Este tipo de comportamiento puede intrigar por parte de un muchacho tan joven porque es inadmisible y es raro que a los niños no les gusten los animales. Es posible que el responsable en el texto daba cuenta de su incapacidad de ver un animal en casa de un amigo porque en la suya, no lo aceptaban sus padres. El maltrato es entonces una manifestación de sus celos.
Quizás sea también un acto compulsivo que traduzca una envidia tremenda pasajera. Por lo tanto, es una lástima que algunos lleguen a actuar así de manera gratuita.
En cambio, existe un comportamiento totalmente opuesto al que acabamos de citar. Los niños suelen ser adictos a los animales y en la mayoría de las veces forman parte de su vida. En este caso, suelen transformarse en la mascota de la familia. Para los niños, el animal tiene algo encantador, mágico y es imprescindible estar siempre con él. Tiene un valor afectivo importante como si pudiera ser un confidente. Son dueños del animal pero no quieren en absoluto dominarles. Por eso, es menester que todos, jóvenes o adultos respetemos los animales domésticos y salvajes.
2. Chema se levantó y fue a desayunar en la cocina. Se quedó atónito cuando se dio cuenta de que Carlota seguía viviendo. Se fue corriendo en el dormitorio para avisar a Carmen.
–¡Carmen, despiértate! ¡Vamos! ¡Carlota está viva!
–¿Qué dices Chema? Déjame en paz. Déjame con esas tonterías, tengo sueño.
–Te estoy diciendo que Carlota está en su tortuguero y que sigue viviendo. Levántate y ven conmigo.
–Bueno, ahora voy.
Carmen se levantó y se fue a la cocina sin entusiasmo porque pensaba que su marido estaba metiéndose con ella.
–¡Huy! Pero si es verdad. ¡Qué alegría Chema! Ha sobrevivido al cóctel. Es increíble. Venga, vamos a avisar a los niños, van a volverse locos.
Al salir, se encontraron frente a José y a Carmela, muy cansados porque habían dormido poco. La madre, muy contenta, anunció la buena noticia a sus hijos.
–¿No adivinaréis lo que ha pasado? ¡No os lo podéis imaginar!
–No, claro que no mamá. Acabamos de levantarnos. ¿Qué pasa?
–Es un milagro. ¡Carlota está viva! ¡No consigo creerlo!
Los niños gritaron de alegría, lloraron de emoción y saltaron por todos los lados.
–¡Yuju! ¡Yuju! ¡Carlota está viva! Bueno, ahora –dijo José– hay que cuidarla más y estar más atentos. No quiero volver a llevarme un disgusto tan difícil.
–Yo tampoco –replicó Carmela cogiendo con cariño y con cuidado Carlota, la tortuga superviviente.
III. Traduction
José se mit à pleurer car le coupable devait se compter parmi ses amis de l'école qui, cette après-midi même étaient entrés dans la maison pour goûter après avoir joué au football. Mais il n'y eut pas de larmes comme celles de Carmela, qui s'assit sur la table de la cuisine et cacha sa tête dans ses bras pour pleurer toute seule, et elle ne consentit pas à se lever, même pas pour dîner.